Muero en la vertiente de un hemisferio desconocido, donde tú y yo jugamos a pasarnos una pelota sentados a los pies de unos sauces, y donde las cortinas son oscuras y tu voz suena detrás de ellas, lejana, y te recuerdo sentada junto a mí con la mirada triste y el alma perdida. Desapareciste de un sueño profundo donde aún sigo yo viviendo. Pero aún sigo empapado de tus gotas cristalinas que se van marchando de mí acariciando las paredes de mis sentidos. Invierto el momento en el que te marchaste como si fuera un vaso lleno de agua que al abocarlo se vacía.

No hay comentarios:
Publicar un comentario